miércoles, 26 de julio de 2017

EL CUENTO DE LA CRIADA

UN MUNDO IMAGINARIO E INDESEABLE

Esta historia de ciencia ficción contada por la canadiense Margaret Atwood ha creado opiniones de lo más diversas entre los lectores. Escrita en 1.985 desde Berlín, la autora narra la historia de un estado fascista regido por normas estrictamente teocráticas donde han sido suprimidos todos los derechos de las mujeres y las han clasificado en grupos, cuya misión es procrear a toda costa.





“Estamos en el centro de Gilead. La República de Gilead no tiene no tiene fronteras. Gilead está dentro de ti”
Página 22

Los diferentes grupos de personajes que forman esta élite están compuestos en orden jerárquico por La Corte Suprema: Los Comandantes que son los poderosos hombres con los que tienen relaciones sexuales las Criadas siempre (o eso es lo que quieren creer ellas) delante de Las Esposas. Ellos dominan la República en la que se ha convertido EEUU después de una guerra con armas químicas y nucleares, y lo hacen de forma arcaica y patriarcal.
“En un tiempo el aire quedó saturado de sustancias químicas, rayos y radiación, y el agua se convirtió en un hervidero de sustancias tóxicas; lleva años limpiar todo esto a fondo, y mientras tanto la contaminación entra poco a poco en tu cuerpo y se aloja en tu tejido adiposo” 
Página 104

Acompañando en su día a día a los Comandantes están Las Esposas, que son más simples que un botijo, y se dedican a fumar y criar a los hijos que dan a luz las Criadas, porque ellas, una vez que han parido a sus bebes, no los volverán a ver excepto cuando los saquen a pasear las Marthas, que son las mujeres que asisten y ayudan en las tareas domésticas a las Esposas para que éstas no se deslomen dándoles el biberón a los ansiados retoños que continuarán con la estirpe de esta nueva raza.  En el último escalón de todo este territorio: Las Criadas, las protagonistas de esta historia, un vientre a disposición de la sociedad, vestidas con una indumentaria color escarlata para ser reconocidas, clasificadas por la cantidad de veces que han intentado quedarse embarazadas y no lo han conseguido, víctimas de este complot llamado Gilead. Las Criadas. El grupo al que pertenece Defred, la protagonista de esta espeluznante distopía. Sobre ellas se encuentra la primacía del varón y el mantenimiento a toda costa de la clase alta que gobierna la sociedad. Controlándolas desde la distancia pero siempre al acecho, los Ojos que todo lo ven que las vigilan y se camuflan por todas partes, desde el jardinero hasta el vendedor de pan. Dentro de este grupo también entran Los Ángeles que las examinan y las adoctrinan, recordándoles diariamente cuál es su cometido y que es lo que se espera de ellas…
“Mi misión es procrear: no somos concubinas, ni geishas, ni cortesanas. No debe existir la diversión con respecto a nosotras, no hay lugar para que florezcan deseos ocultos, no hay ninguna base en la que pueda asentarse el amor” 
Página 132

Defred se define como una refugiada del pasado que sigue las costumbres que le han obligado a abandonar. Ha medida que avanza la narración, ella relata los cambios sufridos en su vida en primera persona y combina sus vivencias actuales con sus recuerdos del pasado. Pasa de ser Peggy Olson a una criada con una cofia blanca que la aísla de todo lo que hay a su alrededor. Su familia, su marido, su hija, su mascota, su hogar, su trabajo ya no pertenecen a su vida actual, son solo recuerdos. Recuerdos que, por otra parte, a de tratar de borrar a toda costa en beneficio de su estabilidad emocional.

“Nadie se muere por falta de sexo. Es por falta de amor por lo que morimos. Aquí no hay nadie a quien yo pueda amar, toda la gente a la que yo amo está muerta, o en otra parte. ¿Quién sabe dónde estarán o cuales serán ahora sus nombres? También podrían no estar en ninguna parte, como debo estarlo yo según ellos. Yo también soy una persona desaparecida”
Página 97

La desesperación por intentar pasar a través del muro para llegar a la frontera con Canadá hace que los muertos se acumulen colgados de varios ganchos dispuestos para ese fin. Defred busca a diario a su marido entre las capuchas que les cubren las caras a médicos, abogados o profesores. Vive con la esperanza de escapar y encontrarlo. O simplemente de escapar y seguir viviendo.

Muchos lectores han clasificado a Margaret Atwood de ser la Nostradamus del S. XXI debido a la cantidad de paralelismos que entraña la novela con la época actual. Yo, sinceramente, no veo éstas similitudes, excepto cuando pienso que el mundo, cada vez más, está gobernado por seres sin sentimientos. Mi humilde opinión es que, al igual que George Orwell o Aldous Huxley, hay escritores que están tocados con una varita mágica llena de imaginación y fantasía, y no es que ellos sean clarividentes con respecto a los sucesos que pasarán en el futuro, sino que son las generaciones del futuro las que tienen la responsabilidad de no servirse de las doctrinas que se fraguan en los libros para crear el mundo en el que vivimos.
“Luke estaba en la sala. Me cogió entre sus brazos. Ambos nos sentíamos desgraciados. ¿Cómo supimos que éramos felices, incluso entonces? Porque al menos teníamos eso: nuestros abrazos”
Página 188 


La actriz Elisabeth Moss, que da vida a Defred en la gran pantalla,
junto con Margaret Atwood, autora del libro El cuento de la Criada

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