martes, 20 de noviembre de 2018

LA INDIA DE ARUNDHATI ROY

EL DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS

Los gemelos Rahel y Estha son los protagonistas de esta historia basada íntegramente en la India. Los dos hermanos, a los que le separa una diferencia de edad de 18 minutos, han tenido la suerte de nacer en una familia india sin problemas económicos, donde la abuela materna se erige como fundadora de una empresa de conservas y, el patriarca de la familia es funcionario y entomólogo. Sin embargo, detrás de esta apacible situación que a la mayoría de familias indias les daría una tranquilidad próxima a la perfección, se esconde la verdadera vida que envuelve las casas de puertas para adentro, es decir, la aceptación en el círculo familiar de los malos tratos, el estigma que supone para una mujer india divorciarse de su marido, el machismo como pilar de cualquier casa y el abuso sexual a los menores de edad. 
Cada uno de los personajes de esta historia tendrá que convivir con los prejuicios que supone vivir en esta India ficticia (basada, claro está, en la real) y asimilar los traumas que les causará la toma de cada una de sus decisiones.



"Rahel miraba a Estha con la curiosidad de una madre que mira a su hijo mojado. Una hermana a su hermano. Una mujer a un hombre. Un gemelo a otro gemelo. Se le ocurrieron dos ideas al mismo tiempo: Que era un desconocido desnudo con el que se había topado por casualidad y que era alguien a quien había conocido antes de que la vida comenzara; alguien que la había guiado nadando para salir del adorado vientre de su madre"
Página 92

Sin ser altamente descriptiva pero acertando profundamente en las descripciones, El dios de las pequeñas cosas le va indicando al lector el camino que va tomando la vida dependiendo de las decisiones que toman sus personajes.
Los términos empleados por la escritora para contar las diferentes situaciones vividas están elegidos para hacer que el lector piense y se sitúe perfectamente en el contexto de la historia y en cómo la ven los ojos de dos niños a las puertas de la adolescencia. Mientras leía, me parecía que todo el libro era una tragedia ligada a un juicio previo. Por ejemplo, cuando el tío de los gemelos regresa a India después de estudiar en Oxford y toma el control de la empresa de su madre, el machismo se apodera de la unidad familiar hasta tal punto que es capaz de repudiar a su hermana y expulsarla de casa por enamorarse de una persona de casta inferior. Así que, presionada por las circunstancias, Ammu, la madre de los gemelos, decide separarlos y el tiempo hace que no se reencuentren hasta 23 años después, cuando Estha ha perdido toda la confianza en sí mismo y vive recluido en un mundo lejano lleno de soledad sin poder comunicarse con nadie. Rahel, en este tiempo, deambula sin sentido, se casa con un extranjero, viaja con su marido y regresa de nuevo a la India con la palabra fracaso tatuada en sus ojos pero con un motivo concreto: su hermano ha sido "devuelto" a casa y quiere reunirse con él. 

Después de estudiar la vida de la escritora, posiblemente el personaje que más se identifique con ella sea la trepidante e inquieta Rahel. Nos obstante, todos y cada uno de los sujetos que aparecen y desaparecen en la novela, transmiten pinceladas de lo que significa la vida para Arundhati Roy. Una mujer valiente, comprometida con la política de su país, activista que protesta contra las pruebas de armas que realiza el gobierno indio en diferentes estados, arquitecta y bohemia. Escritora, guionista y trabajadora social. Un batiburrilo de definiciones que parece que no tengan que representar a la misma persona, pero que la agrupan en un solo ser.

Pocas cosas hay que me hagan disfrutar tanto como poder dedicar un día completo a la lectura de un libro. Buscar un sitio cómodo, con buena luz, abrir la primera hoja, oler las páginas y dejar que las horas discurran como transcurre la historia que sujeto entre mis manos. Mi único objetivo es cerrar el tomo cuando haya llegado al final y las palabras me lleven a los agradecimientos, que leo siempre prestando mucha atención. (Me gustan, soy rara). Al mismo tiempo, mi mente es una contradicción continua, pues esa sensación de placer que me produce invertir una jornada completa en devorar, apuntar, pensar y transcribir dicho libro, se transforma en compasión cuando pienso en la cantidad de tiempo que ha dedicado el autor a su obra. Es decir, en un día de lectura me he fundido lo que le ha costado cuatro años de escritura a la autora de este libro. Por lo tanto, me parece sumamente injusto y, aunque no me voy a autoflagelar por ello, me consuelo pensando que éstas cosas no solo me pasan a mi...

"La memoria era como aquella mujer del tren. Loca, porque se dedicaba a examinar cuidadosamente cosas oscuras, guardadas en un armario, para luego emerger con las más insólitas: una mirada fugaz, un sentimiento, el olor del humo, un limpiaparabrisas, los ojos marmóreos de una madre. Y, a la vez, bastante cuerda, porque dejaba enormes extensiones de oscuridad sin desvelar. Sin recordar."
Página 74

jueves, 15 de noviembre de 2018

EL DÍA QUE MATARON AL LÍDER

Naguib Mahfouz vuelve a darle una vuelta de tuerca al pueblo egipcio en su novela "El día que mataron al líder". Ambientada en las cuatro paredes de una casa familiar, este corto pero intenso relato está narrado en primera persona por los tres personajes que componen la historia y que ven la vida de manera muy diferente. 


Muhtashami Zayid es el personaje más carismático de esta historia de amor. Con unas certeras y trabajadas reflexiones sobre la vida, el abuelo octogenario de Alwán Fawaz, le da una pincelada de cordura a la turbulenta vida de su nieto. Viudo, apasionado de la lectura y fiel devoto de las leyes islámicas, intenta aconsejar a Alwán de una forma cauta, intentando no influir en sus decisiones finales, evitando el dolor y el sufrimiento que causa la verdad manifiesta, y sabiendo lo difícil que es para propio afectado discernir cual es, en realidad, la base de todos sus problemas. 

"El día transcurre entre las devociones, las recitaciones del Corán, las comidas y las canciones. A los ochenta años se espera la llegada de un invitado que no ofrece ninguna duda. Señor, haz que el final sea bello, aparta de nosotros la incapacidad y el dolor, reparte los dones de Tu misericordia por los rincones de esta casa sólida".
Página 99

Alwán Fawaz vive con sus padres en la casa familiar. Sin embargo, la relación que mantiene con su abuelo Muhtashami Zayid es única, sana y envidiable. Este joven se apoya en su predecesor para descargar las frustraciones que lo atormentan diariamente y busca consuelo en las palabras del viejo sabio. De entre todos sus problemas hay uno que lo atosiga por encima de los demás: no poder pagar la dote que se exige a los muchachos para poder casarse con la mujer elegida. Los comentarios jocosos de sus padres, la presión por parte de la familia de la novia y la humillación constante a la que se ve sometido por parte de su jefe, hacen que la personalidad de Alwán se trunque y se vuelva un chico visceral con un carácter tempestivo. La pareja lleva años esperando el momento para poder casarse, pero el sueldo de Alwán es tan ridículo que no le da la posibilidad de ahorrar lo suficiente para poder tomarla como esposa. A esto se le suma el mayor problema de todos: el tiempo pasa y los planes de un futuro en común cada día están más lejos.

"Han pasado tres años; ya hemos cumplido los veintiséis. Estaba enamorado, pero me he convertido en una persona agobiada, frustrada y responsable. Ahora no nos vemos para hacernos confidencias sino para hablar casi exclusivamente de cosas prácticas: el piso... los muebles, las cargas de la vida en común. Ninguno de los dos encontramos la solución. Solo tenemos amor y obstinación"
Página 31

Randa Sulaymán Mubarak es la prometida de Alwán Fawaz. Randa es la única de esta apasionada historia que cree en el amor, confía en su prometido y no lo presiona para casarse. Sabe que el día llegará, aunque, como al resto de personajes secundarios de esta novela, no tiene conocimiento de cuando. Sobre esta situación y la cuenta atrás que supone la perdida de tiempo para Randa, versa toda la historia. Sus padres, egoístas hasta un punto inconcebible, negocian el casamiento de su hija como si se tratara de una pieza de ganado y saben que si no se casa pronto, la reputación y los valores de la joven ya no serán una buena moneda de cambio. No hace falta leer entre lineas para comprender que lo que los padres de Randa tratan de proteger a toda costa es su virginidad para poder sacar un mayor beneficio de ella.  
Randa está al corriente de la situación, Alwán lo respeta y el abuelo Zayid reza sin parar. A él le gustaría que le alcanzara la muerte antes de ver sufrir a su nieto.

"La disciplina es una característica que compuse en lo más profundo de mi ser desde la infancia. Mi diálogo con mis deseos siempre prevalece. No me dejo influir por las experiencias que he vivido de cerca. Soy precavida al imaginar el significado de la libertad. Permanezco impasible ante las habituales y ridículas acusaciones de "cerrada" y "retrógrada"; sin embargo, no soy inmune a la tristeza".
Página 71


Aunque hayan cientos de maneras de acabar este relato minimamente bien, cuidado: ¡pocas veces existen los finales felices en las novelas del escritor Naguib Mahfouz! Este señor, Premio Nobel de Literatura en el año 1.988, utilizó la muerte del presidente egipcio Saddat en el año 1.981 para poner en entredicho lo que verdaderamente significan los valores para la sociedad egipcia. La codicia y el materialismo unidos a la represión sexual que sufren los jóvenes, son una bomba de relojería para todas las personas que se ven obligadas a seguir a rajatabla los mandamientos del Corán.

Con un final totalmente inesperado y apoteósico, Naguib Mahfouz corona esta novela y yo me proclamo fan número uno suya.  
"- ¿Me perdonarás que te diga algo que te va a disgustar? - pregunté.
Me miró de forma suplicante y repuso con ironía:
- Así es como empiezan las conversaciones, abuelo."
Página 78




miércoles, 7 de noviembre de 2018

EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS

Hamida es la joven más bella del callejón de Midaq. Con su larga melena negra, cubierta siempre por un pañuelo para evitar que se le adhiera el polvo de la calle, atrae las miradas de la mayoría de los hombres del callejón, excepto de uno. El señor Krisha regenta el café donde, entre té y té, da una cabezada a la espera de la llegada de algún jovencito que pueda cortejar. La desdicha de este hombre es tener que soportar los alaridos de su mujer públicamente mientras él busca consuelo en los brazos de otro varón. Esta vida libertina es la que reprende el sabio Radwan Hussainy. Aunque él mismo no se considere profeta, su profunda fe y la devoción religiosa que profesa atraen a los vecinos en busca de un buen consejo. Su trabajo consiste en redirigir a los pecadores por un camino digno de las leyes coránicas, pero con Zaita tiene mucha faena por delante. El conocido como Rey de los mendigos, se dedica, literalmente, a la fabricación de lisiados, creando a través de los utensilios que dispone en su estantería, la lesión más adecuada para cada personaje. Aunque para personaje, el dueño del bazar y el señor más rico del callejón. Salim Alwan vive obsesionado con su salud y con la belleza de la joven Hamida, que tendrá que compartir con su pretendiente, Abbas el barbero, que de vuelta del servicio militar se encontrará con la desaparición de la joven...

Con esta caterva de singulares personajes es imposible que no sucediera un milagro en las manos del escritor egipcio Naguib Mahfouz...



"Muchos son los detalles que lo proclaman: el callejón de Midaq fue una de las joyas de otros tiempos y actualmente es una de las rutilantes estrellas de la historia de El Cairo. ¿A qué Cairo me refiero? ¿Al de los fatimíes, al de los mamelucos o al de los sultanes? La respuesta sólo la saben Dios y los arqueólogos"
Página 7

Con el poder de la imaginación y el don de la pluma adherido a sus manos, Naguib Mahfouz ha conseguido que su obra "El callejón de los milagros" me acerque al Egipto de los años 40 de la mano de una cantidad de gente muy peculiar. La pobreza y la miseria conducen a la mayoría de los personajes de esta novela a buscarse la vida empleando métodos poco éticos: Señoras que buscan maridos a sus vecinas a cambio de una comisión, dentistas que asaltan tumbas para robar las dentaduras que poco después encajarán en otras bocas y hombres que reclutan prostitutas para ofrecérselas a los oficiales americanos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial. Nada de estas acciones me sorprende si analizamos el contexto de la época y la necesidad de supervivencia que ha demostrado el pueblo árabe en general. Lo que si me impresiona en buena manera (y tiene mucho que ver con la cantidad de escritores que lo reproducen) es descubrir como, en la misma época en la que versan todos los relatos, la libertad de expresión no estaba castigada.  Algo que, actualmente, y tras varios cambios políticos, sería inconcebible en un país dirigido por las leyes del Corán. 

La concesión del Premio Nobel de Literatura en el año 1.988 supuso para Naguib Mahfouz el reconocimiento a su trayectoria como poeta, novelista y articulista, y le proporcionó la fama mundial, elevándolo a la categoría de "padre de la prosa árabe". Pero no todo fue un camino de rosas para el consolidado escritor. Con la llegada de los extremistas islámicos empezaron a surgir graves problemas, pues estos grupos consideraban que sus obras eran una blasfemia contra la religión musulmana. Una noche, unos asaltantes le atacaron por la espalda causándole una herida grave en el cuello provocada por arma blanca. Esta agresión le dejo graves secuelas que minaron su capacidad auditiva y visual, y provocaron la reclusión en su hogar hasta el día de su muerte en el año 2.006. No obstante, durante este tiempo, Naguib Mahfouz no se rindió y siguió trabajando incansablemente hasta el final de sus días, dejando tras de sí una trayectoria literaria de más de 50 obras, entre guiones cinematográficos, obras de teatro y novelas. 

Leerlo es revivir las historias de un Egipto pasado, lejos de represión. Es vivir la historia más viva de un país con multitud de gente diversa y libre, solamente ligada a la esclavitud de haber nacido en un país marcado por las irregularidades políticas y sociales. Es creer en la libertad de expresión y sobretodo, anhelar su vuelta. Es conocer su gente, su comida, sus olores y su particular vida. Leer a Naguib Mahfouz es soñar con lo que un día fue Egipto.

martes, 9 de octubre de 2018

LOS DIAS de TAHA HUSSEIN

Me encuentro ante una de las novelas más famosas del escritor egipcio Taha Hussein y me sorprendo al pensar en como la vida guió a este hombre invidente hasta convertirse en el catedrático más famoso con el que contó su país. 
Sus estudios, cursados primero en la universidad de El Cairo y finalizándolos en la Sorbona de París, le hicieron especializarse en la Literatura árabe y la Historia del Islam y gracias a su vocación recibió el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas poco antes de su muerte, en el año 1.973.
Si hay un aspecto que me conmueve de este decano de las letras árabes, es que, gracias a su ingreso como director en la Universidad de El Cairo el año 1.938, logró que la educación básica se convirtiera en obligatoria y gratuita.

Tomo el libro entre mis manos y comienzo a leer. Estoy ante una verdadera joya.


"De esta manera es como nuestro niño se quedó ciego, pues habiendo cogido una oftalmia, lo tuvieron por varios días abandonado, para llamar luego al barbero, quien le aplicó una medicina que acabó con sus ojos. Y de esta manera también fue como aquella niña perdió la vida".
Página 102

La infancia en un ámbito rural egipcio poco desarrollado hace que los niños de las aldeas y las zonas apartadas se hallen expuestos al abandono. Todo suma si, además, tienen la desdicha de nacer en el seno de una familia numerosa donde la matriarca se encuentra diariamente afanada.  Como se encarga de explicar el autor en las páginas de su libro Los días...

... "En esos medios, las mujeres tienen una especie de filosofía dañina y una especie de ciencia más dañina aún. Si el niño se queja, la madre no suele hacerle caso, porque, ¿qué niño no se queja? Y si la madre le hace caso es para despreciar al médico y acudir a esa especie de ciencia criminal que es la de las mujeres y congéneres". 
Página 102



Taha Hussein perdió la vista en la infancia debido a una negligencia médica. Posiblemente una de las partes más conmovedoras relatadas en su libro es el momento en el que narra la historia de la muerte de su hermana pequeña y la enlaza con la forma en la que él mismo perdió la visión a los nueve años de edad. Sin embargo, la forma de escribir este libro dista mucho de la primera concepción que me formé cuando lo hojeé. La capacidad de envolver al lector desde una perspectiva distante, sin sentimentalismos ni lamentaciones pero a la vez entrañable y cercana, hace que sintamos lo mismo que el protagonista de esta historia cuando, por ejemplo, busca a tientas la comida en la mesa, la huele y saborea, pero no sabe que color tiene ni cuanta cantidad hay.
Lo que el escritor pretende describiendo minuciosamente esta escena en la que los padres del niño lo reprenden por comer con las dos manos, es que, a través de la voz en off de una tercera persona, veamos la vida desde el punto de vista de un niño ciego. Y no una vida cualquiera, si no la vida de un niño egipcio que oye, ansía, sufre y espera vivirla intensamente.

Como Taha Hussein, el lector no puede ver y hemos de reconocer los lugares por donde camina el futuro escritor escuchando, como él, la voz del tendero de la esquina, oliendo la manteca rancia que nos indica la entrada a la casa donde vive, subiendo a tiendas los peldaños de la escalera que nos conducen hasta la habitación y palpando la esterilla donde, un niño que el destino a tocado con el arte y la capacidad de aprender a observar con los oídos, nos invitará a sentarnos para escuchar como recita el Corán de memoria. La vida en la ciudad, tan alejada de las costumbres agrestes, empujaron forzosamente a Taha Hussein a espabilarse en un país donde los cambios se sufrían rápidamente, sin darle tiempo a asimilar las alteraciones que le producían en su vida. 

El relato, que fácilmente podríamos comparar con la literatura de la Generación del 98 por su tristeza y hermosura, es también una crítica al país y una lucha contra la rutina y el fanatismo. Es un canto a la superación y a la niñez perdida, al aprendizaje y al descubrimiento de un mundo nuevo. En definitiva, el libro Los días de Taha Hussein es una joya de la literatura árabe contemporánea indispensable para todos los públicos.

domingo, 7 de octubre de 2018

NAVEGO POR EL NILO CON AGATHA CHRISTIE

                 Si leer a los escritores árabes me ha insuflado un soplo de vida y entusiasmo, bucear en las historias de Agatha Christie que tienen como escenario el Nilo ha sido una experiencia extrasensorial. Junto a ella y su inspector Hércules Poirot, he viajado de Londres hasta Asuan cargada de malos presagios y una lupa, ambas cosas me resultan imprescindibles e inseparables cada vez que me sumerjo en la lectura de alguno de los libros de la Dama del crimen. Atención, hay que hilar muy fino para saber por donde van los tiros, no pestañear en los diálogos y se acabó eso de leer por las noches para conciliar un sueño placentero. Estoy leyendo a Agatha Christie, tengo que asumir las consecuencias. Y esta vez el ambiente desértico, rodeado de tumbas, faraones, momias y escorpiones es propicio para fabricar un asesino que se pasea por la cubierta de un barco mecido por las aguas del Nilo. Me lo imagino como si estuviera allí. El entorno árido y caliente me trasporta a lugares lejanos. 



                      Que el inspector Poirot esté de vacaciones no significa nada, pues va tener que seguir trabajando bajo el sol abrasador del desierto. El encargo de una bella dama que viaja en el mismo convoy que el policía origina una serie de desencuentros entre el resto de viajeros que harán sospechar al lector hasta del canario del vecino. La señora Doyle, de soltera Ridgeway, se acaba de casar con el pretendiente de su mejor amiga Jacqueline. La señora Doyle manifiesta que su marido esta profundamente enamorado de ella y no de su dinero, cosa que Jacqueline, compuesta y sin marido, pone en duda y se encarga de demostrar por activa y por pasiva. La petición de la señora Doyle para que el inspector Poirot la vigile de cerca no está exenta de fundamento: Jacqueline está haciendo todo lo posible por acompañarlos en la luna de miel, como si de un tercer miembro se tratara y ha manifestado en varias ocasiones su propósito de acabar con la vida del hombre que la dejó plantada en el altar. 

"- Creo que podríamos ir a Egipto - murmuró Rosalie-. No creo que haya una gran diferencia.
- No es una cuestión de vida o muerte - repuso Mrs. Otterbourne.
Pero en eso se equivocaba, porque sí se trataba precisamente de una cuestión de vida o muerte"
Página 45




                    Reseñar a la gran Agatha Christie sin desvelar un solo detalle que comprometa a futuros lectores me ha parecido una tarea sumamente difícil, de esas en las que sudas solamente de pensar. Por otro lado, y entrando en contradicción conmigo misma, La Señora también lo pone fácil debido a la calidad de sus textos. Su capacidad para fabricar historias psicológicas dejando a un lado la violencia o la sangre hacen que el lector se vea inmerso en un rompecabezas dirigido por situaciones inverosímiles pero totalmente viables en el plano ficticio. Analizando su obra, me sorprendo a misma cuando, en alguna tertulia literaria, los más entendidos en el género osan criticarla. Sinceramente y entre nosotros, que somos pocos, estos detractores que destacan la falta del factor sorpresa o la capacidad de la autora para introducir el piloto automático y canalizar las novelas siempre con el mismo patrón no son capaces de medir la literatura con la misma vara. Si la escritora hubiera llevado pantalones, literalmente, otro gallo cantaría.  

              Agatha Christie ha sido una de las autoras más prolíficas y que más libros ha vendido y sigue vendiendo actualmente, solamente superada por Shakespeare o la Biblia. Su pasión por la literatura la empujó a escribir 66 novelas y 150 relatos policíacos y consiguió introducir el género negro en todos los hogares, consagrándolo como lectura de cabecera para todos los públicos y sexos. Agatha Christie creía que la mejor receta para el éxito de una novela policíaca se basaba en que el detective nunca debía saber más que el lector, y con esa reflexión finalizo.  
Señores, yo les aconsejaría que leyeran a La Dama de la novela negra y después juzgaran ustedes mismos. El paseo por el Nilo les saldrá prácticamente gratis...




jueves, 4 de octubre de 2018

DIARIO DE UN FISCAL RURAL

Me estoy rodeando de los personajes más ilustres de la literatura árabe contemporánea y es por eso que estoy disfrutando como una enana de la elección de los libros que he hecho antes de viajar al país de la diversidad. 

Hoy he acabado de leer Diario de un fiscal rural, escrito por el maestro Tawfiq AlHakim, y no he podido esperar más tiempo para hacer la reseña de lo que me ha parecido uno de los mejores libros del año. Deeeel año. El descubrimiento de esta literatura morisca me está deparando muchas sorpresas, todas ellas inesperadas, es por eso que no quiero precipitarme en hacer una valoración previa sin haber acabado de leer todos los autores seleccionados, aunque en este momento ya me haya decantado. Así es mi vida, un mar de contradicciones literarias constantes.

Al igual que en el libro Los días de Taha Hussein donde el escritor se camufla detrás de su personaje principal para narrarnos la vida de un Egipto campestre, Tawfiq Al Hakim nos explica en su libro, Diario de un fiscal rural, la vida bucólica de un joven abogado que ejerce de fiscal en el distrito donde trabaja. Los tintes autobiográficos afloran en cada página, falta conocer la vida del escritor para saber que se esconde detrás de ellos.



Tawfiq Al Hakim, nació en Alejandría, la ciudad de los poetas, y pese a su carácter pacifico, se vio envuelto en las revueltas estudiantiles que tuvieron lugar en el año 1.919, con tan solo 20 años. Poco tiempo después, su padre lo envió a París a estudiar leyes pero el joven escritor regresó a Egipto sin concluir la carrera y con un interés claro: el ambiente cultural de la ciudad de El Cairo le atraía mucho más que Francia y sus costumbres. Así que con los años, se empleó como oficial de juzgados y pasó parte de su juventud desplazándose de pueblo en pueblo por diversas ciudades egipcias alejadas de las grandes urbes. Fue en este momento cuando sus inquietudes periodísticas empezaron a atosigarlo y comprimió las experiencias acumuladas en estos lugares publicando el libro que acabo de leer en este momento. Una obra maestra.



"¿Por qué escribo mi vida en un Diario? ¿Acaso porque es una vida feliz? De ningún modo. El que lleva una vida feliz no la escribe y se limita a vivirla. Yo vivo con la criminalidad en una misma cadena. Es mi compañera y esposa, a la que veo todos los días pero a la que no puedo hablar en secreto." 
Página 21

En mitad de la noche, el protagonista de esta novela, que no es otro que el mismo escritor, recibe una llamada inesperada que le trasladará hasta un pueblo lejano para investigar sobre un extraño y contradictorio suceso: un hombre yace en la cuneta de la carretera gravemente herido por un disparo en el hombro. Lo que el protagonista no sabe, pero el escritor sí, es la inmersa belleza con la que se encontrará cuando, haciendo el sumario de instrucción para su superior, se tropiece directamente con los ojos de la adorable Rim. 
Aunque este peculiar y joven fiscal dedique la mayoría de su jornada laboral a despachar asuntos rurales como juicios de faltas, disputas vecinales o casos de malos de tratos, su instinto lo mantendrá alerta y vigilará a la muchacha de ojos negros que acaba de conocer, pues es la principal sospechosa del ataque a su cuñado, el joven que ha amanecido con un disparo en el hombro. 

Diario de un fiscal rural es un obra literaria donde el egipcio se encuentra representado en el vocabulario y las acciones. El lector extranjero entenderá muchas de las conductas de los autóctonos locales y, aunque la mayoría de las veces no las consiga comprender, sí será participe y conocedor de sus andanzas. Con Las descripciones empleadas por el escritor que trazan perfectamente la linea divisoria entre un mundo culto y otro campestre hará que el lector viva con pasión cada página que pasa. Mención aparte se merece el lenguaje empleado por ser llano, simple, sin florituras ni adjetivos en exceso y totalmente alejado de las sofisticacion y el refinamiento que acompañaban a El Cairo de los años 20. Un lenguaje rico en metáforas, humor negro y sátira.

"Verdaderamente la pluma es un gran recurso para los que, como yo, estamos condenados a la soledad. Pero la tal pluma es como un caballo, que unas veces corre porque sale de dentro, igual que un pájaro revoltoso, y otras, en cambio, se pone rancio, se encabrita, y se niega a avanzar, como si hallase en su camino una víbora con la cabeza encampanada"
Página 86



miércoles, 26 de septiembre de 2018

EL VIAJE DE UN EGIPTÓLOGO INGENUO

                    Me preparo para una de las aventuras más impresionantes de mi vida y todos los libros que pueda leer sobre el destino me parecen pocos. Sería imposible concebir un viaje al enigmático Egipto sin haber reparado en su literatura, muestra de los entresijos de una sociedad antigua y tradicional. Para ello he buscado a los mejores acompañantes: Taha Hussein, Amin Maalouf y Naguib Mahfuz son solo una muestra de los escritores árabes contemporáneos más importantes que me escoltaran a lo largo de este recorrido, guiándome a través de los misterios que esconde el desierto y desmigajando, poco a poco, una de las civilizaciones más antiguas de este planeta. Con sus historias recorreré escenarios únicos e inolvidables recreándome en los olores, sabores y colores de cada rincón del Cairo. Todavía no me lo puedo creer. Pronto tendréis más noticias de ellos a través de la reseña de sus libros. 

                    Pero si hoy estoy aquí, emocionada y nerviosa al mismo tiempo, es debido al descubrimiento de otro escritor que, en su primera visita a las Pirámides de Gizah, adivinó a qué se dedicaría el resto de su vida. 



                        La historia de Egipto es una de las más antiguas que nacieron en torno al mar Mediterráneo. Sus costumbres y la abnegación de su pueblo por mantener viva su cultura, es un fiel ejemplo de las tradiciones que perduran hoy en día. Me encuentro sumida en mis pensamientos cuando doy de bruces con el libro "El viaje de un egiptólogo ingenuo" (Ediciones del viento, 2.017). Solo la foto de la portada ya me indica que este es el libro que estaba buscando, mezcla de experiencias, anécdotas y citas literarias. Noto que es el mejor momento para leerlo cuando, al comenzar la lectura, Tito Vivas narra en primera persona la impresión que le causó ver las Pirámides de Gizah con tan solo nueve años de la mano de sus padres. Me imagino a un jovencito ataviado con calcetines de algodón hasta las rodillas y gorro de explorador, perdido entre toneladas de arena caliente, contemplando miles de piedras posicionadas perfectamente y buscando un sentido a las construcciones faraónicas más antiguas del mundo. Todo el misticismo que rodea esta civilización cobra un nuevo sentido cuando aprendes a ver con los ojos de un egiptólogo el conjunto de sus obras. Las Pirámides como nexo de unión entre la vida y la muerte, la importancia de cada dios ligada a la descendencia del varón o la simbología animal son solo un ejemplo de lo que el lector descubrirá mientras viaja en camello y taxi prácticamente la mismo tiempo.

                        Leer el libro de Tito Vivas es transportarse al Egipto de la antigüedad y vivir varias vidas unidas entre la época faraónica y el momento en que empezaron a llegar los primeros descubridores para estudiar los tesoros en forma de sarcófagos, momias, templos y piedras que iban apareciendo delante de ellos. Las constantes citas a la novelista, periodista, viajera y egiptóloga Amelia Edwards denotan la admiración que el autor siente por su predecesora así como la honda impresión que le causó conocer su obra. A lo largo de todo el libro, las citas de diversos y variados escritores han hecho que amplíe, aun más, el abanico de obras que me faltan por leer antes de viajar al país donde Keops, Tutankamon o Nefertiti dejaron una huella imborrable. 


"Sobre las aguas del Nilo el tiempo se detiene. La temperatura del ambiente relaja su crudeza y una brisa fresca envuelve la vida por completo. La humedad se instala en cada poro de la piel provocando una sensación de rejuvenecimiento. El gran canal eterno abraza al mortal haciéndolo consciente de su naturaleza efímera. Me sentía al mismo tiempo afortunado y miserable"
Página 205

Las famosas aguas del Nilo llenan decenas de páginas de este precioso libro mientras el autor se mece por ellas para desplazarse desde Karkak hasta Abu Simbel, pasando por Luxor, Edfú, Tebas y los templos de Asuan. Además de las interminables referencias de sitios y lugares con sus consabidas explicaciones históricas, el autor ha querido agasajarnos con fotografías antiguas, panorámicas tomadas por él mismo y decenas de acuarelas que describen perfectamente los colores que envuelven esta tierra, donde los ocres, naranjas y marrones no se distinguen de las construcciones más antiguas. De vuelta al Cairo y antes de despedirse del lector, Tito Vivas describe con detalle el placer que supone la comida egipcia para los sentidos, sus predilecciones a la hora de decantarse por un plato u otro y los lugares más importantes de una de las ciudades más pobladas de África. 

                Las cientos de anotaciones, los posits y comentarios a pie de página que he marcado como recordatorio de textos que no quiero que se me olviden, me ayudarán a descubrir este increíble país por mi misma, eso sí, de la mano de uno de los mejores egiptólogos españoles que existen en este momento. 

"El Cairo es dulce y pegajoso. Hay un permanente velo visible en la distancia, cómo una bruma que anega el horizonte. En El Cairo no son necesarios los filtros fotográficos de tono sepia y, sin embargo, de cerca, esa cortina de vapor desaparece a la vista y cambia su estado gaseoso a líquido materializándose en gotas de sudor"
Página 43